La lucha de los jóvenes por el cambio climático puede ser decisiva, pero no sin nuestra ayuda

Es importante lograrlo. No solo porque las huelgas estudiantiles por el cambio climático y su expansión a una velocidad vertiginosa a lo largo y ancho del mundo sean nuestra mejor (y probablemente última) esperanza para evitar una catástrofe, sino también por el devastador impacto que podría tener sobre estos jóvenes, que a tan temprana edad verían como su campaña fracasa y sus esperanzas se desvanecen.

Si queremos contribuir al éxito de este movimiento, deberíamos preguntarnos por qué otros anteriores han fracasado. Deberíamos preguntarnos, por ejemplo, por qué el movimiento Ocupa Wall Street se disolvió mientras que las instituciones que criticaba se mantienen intactas a pesar de los esfuerzos y el sacrificio de muchos. También deberíamos cuestionarnos por qué el movimiento por la justicia global de finales de la década de los noventa y principios de este siglo no ha cambiado el mundo, pese a su magnitud y al valor y determinación de sus impulsores. Y cuestionar  por qué Podemos, el partido político español que subió como la espuma gracias al optimismo del movimiento de los indignados, ahora parece que se está desmoronando debido al cruce de recriminaciones entre sus líderes.

Tengo la sensación de que los que hemos sido testigos de estas decepciones tenemos el doloroso deber de exponer las causas de estos fracasos de la forma más honesta posible, para evitar que se repitan. Muchas de mis propuestas son discutibles y no puedo prometer que esté en lo cierto. Así que mi primer consejo sería: compara mis opiniones con las de otros.

Una de las tareas más determinantes de cualquier campaña es construir una narrativa; una historia breve y sencilla que explique dónde estamos, cómo llegamos aquí y hacia dónde tenemos que ir. Si seguimos la estructura narrativa común a casi todas las transformaciones políticas y religiosas que han tenido éxito, la del movimiento estudiantil para frenar el cambio climático sería algo así: «El mundo se encuentra sumido en el caos climático, causado por las grandes compañías de hidrocarburos, los multimillonarios que obtienen sus beneficios y los políticos a los que han comprado. Sin embargo, nosotros, héroes jóvenes, nos enfrentaremos a estos oligarcas, con nuestra autoridad moral como arma para levantar un movimiento tan grande y políticamente peligroso que nuestros gobiernos se vean obligados a poner fin a la economía basada en la los combustibles fósiles y a recuperar las condiciones propicias para que los humanos y otras especies puedan prosperar».

Creo que esta narrativa se vería muy reforzada por los recientes hallazgos que sugieren que la recuperación ecológica (restaurar los bosques, las marismas, las turberas, los fondos marinos y otros ecosistemas esenciales para el planeta) podría contribuir significativamente a prevenir la degradación del clima, al extraer dióxido de carbono de la atmósfera (escribiré sobre esta cuestión dentro de unas semanas, cuando haya leído más sobre estos hallazgos). Un movimiento exitoso también debería definir un objetivo claro y tangible; tal vez una fecha concreta en la que los países alcancen una economía libre de emisiones de carbono.

Podría recomendar una hoja de ruta, como una versión ampliada del nuevo acuerdo verde propuesto por los demócratas más progresistas. En este caso, tendría que establecer una serie de indicadores para evaluar si los gobiernos van o no por buen camino. Así se garantiza que son los activistas, y no el gobierno, quienes siguen fijando el orden del día. Este objetivo debe fundamentarse en un conjunto de principios irreductibles que puedan ser explicados y difundidos con orgullo y convicción. He aquí un par de ejemplos posibles: «La vida humana no es negociable, no se puede cambiar por dinero» y «las generaciones que aún no han nacido tienen los mismos derechos que las que ya están vivas.»

Unos principios claros parecen ser una condición esencial para que un movimiento tenga éxito a largo plazo. Un fascinante reportaje publicado en la revista digital Truthout explica cómo los indígenas que viven cerca del lago de Texcoco en México se opusieron al proyecto de construir un aeropuerto internacional; uno de los mayores proyectos de infraestructura de América Latina, valorado en 13.000 millones de dólares. Se resistieron durante 17 años y, contra todo pronóstico, lograron imponer su criterio. La campaña se basó en el principio de que su tierra y su comunidad no estaban a la venta, por mucho dinero que se les ofreciera. Con este argumento, el gobierno mexicano solo tenía una opción: el uso de la fuerza. Sin embargo, se habían tejido organizaciones comunitarias tan fuertes y tenían a tantos mexicanos de su parte que el uso de fuerza dejó de ser una opción.

De esto se desprende otro elemento crucial: que la unión entre los miembros de este movimiento sea tan sólida que pueda resistir todos los intentos de división y coopción. Estas comunidades no surgen por accidente, sino que se construyen consciente y cuidadosamente, a menudo con la ayuda de formación, música y diversión. Deben ser lo suficientemente fuertes como para ayudar a aquellos miembros que puedan sentirse desesperados, agotados o que puedan derrumbarse, especialmente cuando la reacción a sus protestas se vuelva desagradable. De hecho, los políticos y los medios de comunicación han empezado a hacer circular teorías de conspiración que sugieren que detrás de este movimiento estudiantil se esconden fuerzas siniestras desconocidas: después de todo, ¿cómo es posible que estos chicos estén organizando estas huelgas sin la ayuda de nadie?

Con solo 16 años y liderando una batalla

Greta Thunberg, cuya huelga escolar desencadenó este movimiento, ha escrito una respuesta mucho más digna y madura que los artículos que la atacan. Lo cierto es que  no han hecho más que empezar. Como algunos de nosotros podemos atestiguar, la crueldad de los grupos de presión financiados por el sector de los combustibles fósiles (y de las publicaciones que difunden su mensaje) no conocen límites. Como ya hemos visto, creen que atacar a los chicos es juego limpio. En respuesta, yo propondría que los estudiantes en huelga por el cambio climático definan una estrategia de combate para dejar a sus oponentes sin munición.

En mi opinión, al movimiento por la justicia global le perjudicó enormemente su incapacidad para excluir o contener al llamado «bloque negro» Integraban este bloque personas vestidas de negro, algunas de las cuales acudieron a las protestas preparadas para pelear y a menudo destrozaron tiendas de barrio. Debido a este comportamiento el apoyo ciudadano fue disminuyendo gradualmente. Algunos miembros de este movimiento creyeron que podían fijar las reglas de juego que quisieran y creo que es una actitud que no se puede consentir.

Un buen ejercicio es el preguntarse qué es lo que más les gustaría a las autoridades y a la policía que sucediera, y luego hacer lo contrario. Les encantaría que surgiera una facción violenta que erosionara la credibilidad de los jóvenes huelguistas y les proporcionara una excusa para enviar a los agentes antidisturbios y disolver las protestas. Nunca les sirváis esta excusa en bandeja.

Para que un movimiento tenga éxito también es necesario un modelo de organización que le permita seguir creciendo. Un enfoque prometedor es una Gran Organización, a través de la cual los activistas crean redes de las que surgen ramas que, a su vez, forman a las ramas que nacen de ellas. Contribuyó a que Alexandria Ocasio-Cortez se convirtiera en la congresista más joven de la historia de los Estados Unidos. Necesitan tácticas inteligentes, divertidas e innovadoras que sorprendan a sus adversarios y mantengan el nivel de entusiasmo. Creo que siempre es mejor que un reducido número de personas definan la narrativa, los principios y la táctica a seguir y que más tarde un grupo más amplio las apruebe. Fui testigo de cómo el movimiento Ocupa Wall Street se empantanó en el imposible proceso de desarrollar políticas complejas por consenso.

Les hemos dejado a los jóvenes un gran marrón. Sin embargo, hay adultos muy curtidos, algunos con mucha más experiencia que yo, que están dispuestos a ofrecer consejo y ayuda. Cualquier apoyo debe respetar los términos de estos jóvenes: ellos lideran, nosotros seguimos. Lo cierto es que cargan con una responsabilidad enorme, es una lucha que no pueden permitirse perder. Y si lo desean, les ayudaremos a soportar este terrible peso.

Por George Monbiot, Traducido por Emma Reverter. Publicado en: eldiario.es el 24/02/2019.

El sorprendente desborde de la generación Greta: Se nos está acabando el tiempo y se os han acabado las Excusas

La joven sueca Greta Thunberg en la reunión del World Economic Forum el 25 de enero de 2019 en Davos.

Leo esta mañana en la prensa británica que el movimiento estudiantil iniciado por Greta Thumberg en Suecia, y que movilizó a 75.000 estudiantes en Bruselas, llega este viernes 15 de febrero a Gran Bretaña. Una corriente eléctrica me ha recorrido la columna vertebral, he dejado lo que estaba haciendo y me he puesto a escribir. Los estudiantes harán huelga y se manifestarán exigiendo la declaración del Estado de Emergencia Climática y una campaña para educar al pueblo británico sobre la gravedad del Cambio Climático en curso y sobre las medidas urgentes que es preciso emprender.

Me impresionó el vídeo de la intervención de Greta Thumberg en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2018, celebrada en Katowice del 3 al 14 de diciembre. Pidió a los responsables políticos hablar claro, sin miedo a ser impopulares, sobre las amenazas del Cambio Climático y sobre los cambios que debíamos hacer y no estamos implementando para incidir significativamente en el problema. Su determinación, la rotundidad de su mensaje, me cautivaron y me hicieron dudar de que pudiera estar escuchando a una chica de quince años.

La historia de Greta Thumberg comenzó cuando un día, teniendo ocho años, oyó en la escuela hablar de la amenaza del cambio climático y de que no estábamos haciendo lo suficiente. Lo contó en casa y sus padres la apoyaron y la ayudaron a investigar sobre el tema. Un día decidió que si los líderes mundiales seguían sin hacer nada era necesario pasar a la acción y comenzó una movilización estudiantil en Suecia, que llevaba a suspender las clases los viernes para ir a manifestarse frente al Parlamento exigiendo del Gobierno medidas efectivas para cumplir con los compromisos de lucha contra el cambio climático.

«Contamos con los recursos y el tiempo»

Hay que decir que los científicos del panel de Cambio Climático de la ONU ya no saben qué hacer para que les prestemos atención ante la gran amenaza que se cierne sobre nosotros. El informe que se debía haber aprobado en esta cumbre y no se aprobó decía lo siguiente: «Contamos con los recursos y el tiempo suficiente para evitar que el calentamiento global supere 1,5ºC, pero se necesita un esfuerzo sin precedentes. Si no recortamos tajantemente las emisiones industriales y de transporte, la temperatura global ascenderá a 1,5ºC en algún momento entre 2030 y 2052. Se necesitarían cambios de gran alcance y sin precedentes en cuestión de energía, industria, transporte, agricultura, ciudades y edificios. Llegar a reducir alrededor de un 45% las emisiones globales de CO2 de origen humano en 2030, respecto a los niveles de 2010, y lograr el cero neto en 2050”.

La pasada campaña andaluza centré mis intervenciones en poner en primer plano dos cosas: la necesidad de hablar claro, como demanda Greta, de no ocultar por riesgo de parecer impopulares la amenaza a la que nos enfrentamos, y la de las propuestas para hacer frente a la crisis climática y crisis eco-social en todas sus manifestaciones. Con medidas que nos permitirían vivir mejor, de forma más saludable, generando empleo, haciendo de nuestra gran amenaza la mayor oportunidad en la gigantesca tarea de cambiar rápidamente el modo en que generamos energía, nos movemos, nos alimentamos, producimos y consumimos y organizamos nuestros edificios y ciudades. No tuvimos altavoz y pasamos desapercibidos. Y esto me hizo concebir un reto que parece improbable pero que es posible: lo mismo que parecía improbable que la Ola Trumposa llegase a España y lo ha hecho con fuerza desde Andalucía.

Se me ocurrió poner en práctica un pequeño experimento que podíamos hacer con pocos recursos. Diseñamos una octavilla a doble cara: en la cara A con el titular de la intervención de Greta Thumberg, la imagen de su intervención en Katowice y el texto íntegro de su intervención. En un reino en el que nos dicen que no se lee, es un atrevimiento arriesgado. Pero el discurso de Greta no sólo no tiene desperdicio, sino que atrapa desde el primer instante. En la cara B, una breve y sintética cita de las conclusiones del panel científico que fueron ignoradas por los líderes mundiales encabezados por Trump. A continuación, nuestras medidas, extraídas de ese programa que presentamos a las elecciones andaluzas y que pasó tan desapercibido a los votantes como las advertencias de los científicos. El sábado tuvimos la oportunidad de poner a prueba el experimento y funcionó bien, especialmente entre la juventud y entre familias que paseaban con sus hijos e hijas.

La pregunta es: ¿puede el movimiento juvenil por el Clima que se está extendiendo por Europa arraigar en Andalucía en particular y en España en general? Va a depender de nuestros jóvenes, pero presiento que va a ocurrir, ya se están organizando. En cuanto se les habla claro entienden perfectamente que les estamos negando el futuro y no se van a resignar.

1#HuellaEcológica de Sevilla. Álvaro Reyes de la Rosa, 2016

El viernes 8 de marzo recibí la visita en mi aula de arquitectura, de un grupo de jóvenes de un centro de secundaria de La Barzola. Su profesor, antiguo alumno mío, quería que les hablase de sostenibilidad. No habían oído el término así que lo construimos desde cero a partir de sus aportaciones. Sostenibilidad tiene que ver con lo que se sostiene, lo que no se cae, respondió una chica.

¿Qué es lo que no se puede caer? Aquello que sostiene la vida, les di esa pista. ¿Y qué es? Me respondieron: el agua limpia, el aire puro, los alimentos, … el trabajo para conseguir los alimentos y una casa… ¡Ya está! Soy profesor de dibujo en tercer curso de arquitectura y les impartí una charla a la que titulé “12 lecciones de dibujo y algo más”.

2#CambioClimático Alejandro Antonio Ayala Carmona, 2018

A través de los dibujos de mis estudiantes repasamos doce ideas para promover ciudades más sostenibles. Mis estudiantes tenían que trabajar con ideas nuevas para ellos y hacer dibujos expresivos para comunicarlas a la sociedad. Empezamos hablando de #HuellaEcológica y seguimos por #CambioClimático,… llegados a este punto entró Greta en escena, su discurso, la movilización que encabeza y que desde Suecia, los viernes, se ha extendido a Bélgica, los jueves. Una chica me interrumpió y afirmó: nosotros la vamos a hacer los miércoles. ¡Ya está! Seguimos hablando a través de los dibujos de decrecimiento, movilidad sostenible, caminos escolares y pedibuses, ecobarrios, … Cuando terminé de presentarles los 12 dibujos les volví a preguntar: ¿Qué es entonces sostenibilidad? Y una chica me respondió: hacer las cosas mejor de cómo se hacen.

Es sólo una anécdota, sólo son dos pequeños experimentos. Pero miro con sorpresa el movimiento de la generación Greta y pienso: es nuestra última esperanza, no hay tiempo para otra oportunidad. Van a necesitar el apoyo de los adultos. Va a ser necesario que, en España, que andamos metidos en un círculo vicioso de mentiras y odio como vía para obtener rédito político, pasemos a dejarnos interpelar por los jóvenes y nos sumemos a su ola. A la Ola Verde que recorre Europa y que puede significar nuestra última oportunidad. Que políticos, periodistas, artistas y educadores asumamos nuestra función social en estos momentos clave y nos unamos a la causa de la supervivencia de la humanidad, fundada en grandes valores de la solidaridad y la cooperación, de los cuidados mutuos y del cuidado a la naturaleza de la que dependemos para sostener la vida humana y no humana.

Los científicos no son milenaristas ni apocalípticos. Simplemente están acumulando evidencias que son abrumadoras que apuntan al colapso climático, energético, alimentario, poblacional, de la biodiversidad…

Como dice Greta Thumberg: nos estamos quedando sin tiempo y os estáis quedando sin excusas. ¿Estamos dispuestos a asumir ese reto o les vamos a dar la espalda y vamos a seguir haciendo nuestros negocios como de costumbre? Cada una de las personas que habitamos en este mundo podemos hacer algo, ninguna somos demasiado pequeña para ser insignificante, como bien dice Greta. Pero unidas en un movimiento por la causa de la supervivencia de la humanidad es posible que lo logremos y que experimentemos que podemos vivir mejor y tener la tranquilidad de que puedan hacerlo también nuestros hijos e hijas, nuestros nietos y nietas.

Por Esteban de Manuel (profesor de la E.T.S. Arquitectura de Sevilla