Movilidad y Cambio Climático en Sevilla

Ricardo Marques, A Contramano

El auge de las movilizaciones juveniles en todo el Mundo y también en Sevilla ha puesto sobre el tapete la necesidad de elaborar planes concretos a escala local para paliar las emisiones de gases de efecto invernadero en las ciudades. Como decía uno de los eslóganes mas coreados en las manifestaciones, debemos «cambiar el sistema, no el clima«. 

Desde «A Contramano» queremos contribuir a este debate con un análisis de la situación real de la movilidad en Sevilla, de las políticas de movilidad que se desarrollan en nuestra ciudad y de las que deberían desarrollarse si realmente nuestros políticos estuvieran interesados en luchar contra el cambio climático. 

El automóvil privado es el principal consumidor de energía y la principal fuente de energía de las economías domésticas de nuestro país. Un automóvil medio, usado diariamente para la movilidad cotidiana consume al año más de una tonelada de petróleo y emite, en consecuencia, más de 3 toneladas de gases de efecto invernadero al año. Por tanto, eliminar la dependencia del automóvil privado en la movilidad cotidiana es la mejor política (y casi la única eficaz) para paliar el impacto de la movilidad en el cambio climático.  

Dibujo de Alvaro Reyes de la Rosa, E.T.S. Arquitectura de Sevilla, prof. Esteban de Manuel

Esta dependencia, en el conjunto del área metropolitana de Sevilla supera ya el 50% de los desplazamientos, sin embargo, en la Corona Metropolitana, donde viven tantas personas como en el Municipio de Sevilla, supera el 60%, mientras que para los desplazamientos entre la Corona Metropolitana y el Municipio de Sevilla se aproxima al 90%. Esta situación solo puede calificarse de catastrófica desde el punto de vista medioambiental y supone, por si sola, la emisión anual de más de 2 millones de toneladas de gases de efecto invernadero en el conjunto del Área Metropolutana de Sevilla.

¿Qué se ha hecho desde las instituciones para paliar esta situación y ayudar a las personas que viven en Sevilla a abandonar el automóvil privado como principal modo de transporte? Durante los ocho últimos años del mandato de Alfredo Sánchez  Monteseirín como alcalde (en un gobierno de coalición PSOE-IU) se llevaron a cabo algunas actuaciones para paliar esta dependencia del automóvil privado, como las peatonalizaciones de importantes áreas de nuestra ciudad, o la red de carriles-bici (que por si sola supuso una reducción de emisiones de 8.000 toneladas de gases de efecto invernadero al año) o la línea 1 del metro y el tranvía. Poco después se anunciaban, desde la Junta de Andalucía, iniciativas para extender este modelo al resto de Andalucía, como el Plan Andaluz de la Bicicleta.  

A partir de ahí el desierto. Nada se avanzó en el fomento de la movilidad sostenible en la época de Zoido como alcalde. Su sucesor, Juan Espadas, apenas ha realizado actuaciones. Las «micro-peatonalizaciones» anunciadas además de «micro» han sido pocas y tímidas. En el fomento de la bicicleta se anunció y se aprobó un «Programa de la Bicicleta» en el horizonte de 2020, del que apenas se ha ejecutado una mínima parte (estamos en 2019), al mismo tiempo que se plantea la desaparición de vías ciclistas consolidadas, como el carril-bici de la Avenida de la Cruz Roja. En cuanto al transporte público, la «apuesta estrella» sigue siendo (como con Rojas Marcos y Soledad Becerril) una improbable red de metro cuyo ámbito sigue siendo el municipio de Sevilla, es decir que ni siquiera roza el núcleo del problema: la dependencia del automóvil en los desplazamientos en la Corona Metropolitana y entre esta y el Municipio de Sevilla. En la Corona Metropolitana la apuesta sigue siendo por autovías y mas autovías (SE-40, autovía Alcalá – Dos Hermanas, etc…). 

Al mismo tiempo, actuaciones previstas como el Plan Andaluz de la Bicicleta no se están ejecutando y propuestas que podrían contribuir de un modo eficaz y realista a la reducción de emisiones a corto plazo, como una red de carriles-bus urbanos de densidad y diseño similar a la de carriles-bici, o una red de BRTs a escala metropolitana, o el fomento de la intemodalidad bicicleta-transporte público no se tienen en cuenta. Mientras se mantenga esta orientación de las políticas de movilidad va a ser imposible reducir las emisiones de gases de efecto invernadero ligadas a la movilidad. Al contrario, es evidente que van a crecer.

Ante esta situación solo cabe esperar que el debate acerca de la sostenibilidad del actual modelo de movilidad se convierta en un tema central de la próxima campaña electoral a nivel local y que, por fin, nuestros políticos decidan optar por cambiar el modelo no el clima. Dese «A Contramano» seguiremos contribuyendo a ello con nuestras campañas y nuestras movilizaciones.


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